jueves, 28 de mayo de 2026

Rosebud y las ruinas del poder 85 años de Citizen Kane : la película que cambió para siempre el lenguaje del cine



Por Aldo Rodríguez


Hay películas que entretienen. Hay películas que envejecen dignamente. Y hay otras —muy pocas— que parecen venir del futuro. Obras que no pertenecen del todo a la época en que fueron creadas porque, de alguna forma extraña, entendieron antes que nadie hacia dónde iba el arte. Citizen Kane es una de ellas.


Este año se cumplen 85 años de aquella detonación cinematográfica concebida por un jovencísimo Orson Welles, quien no solamente dirigió la película: también la escribió, la produjo, la actuó y prácticamente la soñó entera. Y eso sigue siendo impresionante incluso hoy. Más todavía si pensamos que Hollywood, en aquel momento, era un sistema cerrado, rígido, dominado por estudios que controlaban absolutamente todo. Y de pronto apareció este muchacho de teatro y radio diciendo: “Voy a hacer cine como nadie lo ha hecho”.


Y lo hizo.


Antes de eso, Welles ya había provocado uno de los momentos más extraordinarios de la historia de los medios de comunicación con aquella adaptación radiofónica de The War of the Worlds en 1938. Una transmisión dramatizada que sembró pánico en Estados Unidos porque miles de personas creyeron estar escuchando reportes reales de una invasión extraterrestre. Hoy puede sonar exagerado, incluso ingenuo, pero aquello reveló algo profundamente importante: el sonido bien utilizado puede alterar la percepción de la realidad.


Y eso, para quienes hemos vivido la radio desde dentro, resulta fascinante.


Las interrupciones falsas de noticias, las voces agitadas, los silencios, la sensación de inmediatez… Welles entendió antes que muchos que el medio no era solamente un vehículo: era una experiencia emocional. La radio podía construir mundos invisibles. Podía hacerte creer. Podía manipularte. Podía conmoverte. Y todo ese conocimiento del ritmo, del espacio sonoro y de la dramaturgia auditiva terminó filtrándose después en Citizen Kane.



Porque sí: esta película también se escucha de una manera distinta.


Pero hablar de Citizen Kane solamente como una “gran película” es quedarse corto. La realidad es que redefinió el lenguaje cinematográfico moderno. Muchísimas cosas que hoy damos por normales nacieron o se consolidaron ahí. La narrativa fragmentada, los saltos temporales, los relatos desde múltiples puntos de vista, la profundidad de campo extrema, los encuadres imposibles, los techos visibles en escena, los juegos de sombras, el uso expresivo del silencio, las transiciones psicológicas… Todo eso explotó ahí como un laboratorio artístico descomunal.


Y pensar que fue filmada en 1941.


Visualmente sigue siendo una obra abrumadora. La fotografía de Gregg Toland continúa viéndose moderna. Hay planos que parecen concebidos décadas después. La cámara se desliza, se hunde, observa desde abajo, desde rincones oscuros, desde perspectivas casi oníricas. Hay secuencias enteras donde el espacio parece respirar junto con los personajes. Y eso no era habitual. El cine todavía estaba aprendiendo a hablar… y Welles ya estaba escribiendo poesía visual.


La historia, por otra parte, sigue siendo devastadora.


Charles Foster Kane inicia como un hombre ambicioso, brillante, seductor. Un personaje que asciende desde abajo hasta convertirse en un titán mediático capaz de influir sobre la política, la opinión pública y la percepción de la realidad. Lo que él dice pesa. Lo que publica se convierte en verdad. Y claro, la inspiración en William Randolph Hearst era demasiado evidente como para pasar desapercibida. De hecho, Hearst intentó destruir la película. Prohibirla. Desaparecerla. Y eso, curiosamente, terminó alimentando aún más su leyenda.



Pero el verdadero corazón de la película no está en la política ni en los periódicos. Está en la soledad.


Porque Citizen Kane no es realmente la historia de un magnate. Es la historia de una pérdida.


Una pérdida tan profunda que necesita resumirse en una sola palabra: Rosebud.


Y ahí ocurre algo extraordinario. Durante toda la película perseguimos el significado de esa palabra como si fuera un misterio detectivesco. Queremos saber qué representa. Qué secreto oculta. Y al final descubrimos que no se trataba de poder, ni de dinero, ni de gloria, ni siquiera de amor adulto. Era algo muchísimo más pequeño… y muchísimo más inmenso.


La infancia.


La inocencia.


El último instante de felicidad verdadera antes de que el mundo lo devorara.


Ese trineo perdido entre la nieve termina siendo más importante que todos los palacios de Xanadú, más importante que los periódicos, las campañas políticas o las esculturas acumuladas como trofeos vacíos. Porque Welles entendió algo terrible y profundamente humano: muchas veces pasamos la vida entera tratando de regresar a un momento que ya no existe.


Y eso sigue doliendo 85 años después.


Por eso esta película debe verse. Debe estudiarse. Debe conservarse. Incluso coleccionarse. No como una reliquia elitista de cinéfilos intelectuales, sino como una obra viva que todavía tiene cosas que decirle al presente.


Las nuevas generaciones necesitan encontrarse con películas así porque hoy vivimos rodeados de velocidad, algoritmos y consumo inmediato. Todo dura segundos. Todo debe explicarse rápido. Todo parece diseñado para olvidarse mañana. Citizen Kane, en cambio, exige mirar. Exige escuchar. Exige paciencia. Y recompensa al espectador con capas y capas de significado.


Cada revisión revela algo nuevo.


Un gesto.


Una sombra.


Una frase aparentemente menor.


Una composición visual escondida en el fondo.


Una ironía.


Una herida.


Yo la he visto decenas de veces y siempre termino descubriendo otra película dentro de la película. Esa es la marca de las obras verdaderamente grandes: nunca terminan de agotarse.


Y quizá ahí radica su verdadera perfección.


No en que sea impecable técnicamente —que lo es—, sino en que sigue viva. Sigue respirando. Sigue interrogándonos sobre el poder, la memoria, la ambición y la fragilidad humana.


Pocas películas pueden hacer eso.


Muy pocas

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