martes, 31 de marzo de 2026

*El ojo que escucha: *Eye in the Sky y la alquimia sonora de Alan Parsons**


Por Aldo Rodríguez

Hay discos que no solo se escuchan: se habitan. Eye in the Sky pertenece a esa rara estirpe de obras que parecen mirar de regreso al oyente, como si cada pista fuera un espejo simbólico donde el sonido y la conciencia se cruzan en silencio. Cuando pienso en Alan Parsons, inevitablemente recuerdo esa figura casi invisible pero decisiva dentro de la historia de la música popular: el ingeniero que estuvo ahí, en los últimos ecos de los Beatles en Apple, el artesano detrás de la arquitectura sonora de The Dark Side of the Moon, y más tarde el visionario que convirtió su propio proyecto —The Alan Parsons Project— en un laboratorio sonoro que marcó a varias generaciones.


Hablar de Parsons es hablar de precisión técnica y, al mismo tiempo, de una sensibilidad profundamente narrativa. No es casual que su carrera comience desde la ingeniería de audio; su oído se formó entre consolas, cintas magnéticas y decisiones microscópicas que terminaban definiendo la emoción de un álbum entero. Quizá por eso sus discos posteriores no suenan a “banda” en el sentido tradicional, sino a experiencias cuidadosamente diseñadas, casi como instalaciones sonoras antes de que ese término se volviera común. Parsons entendió algo que muchos olvidan: la tecnología no sustituye la intención artística; la revela.


Dentro de esa trayectoria, Eye in the Sky emerge como un punto de equilibrio entre lo accesible y lo enigmático. Publicado a principios de los años ochenta —una década que ya respiraba sintetizadores y un pop cada vez más pulido—, el álbum se mueve entre la sofisticación progresiva heredada de los setenta y una sensibilidad melódica que permitió que canciones como “Eye in the Sky” trascendieran el nicho del rock conceptual para instalarse en la memoria colectiva. Y sin embargo, bajo esa superficie amable, hay un discurso simbólico constante.


La portada misma —el ojo de Ra— no es un simple adorno exótico. Funciona como una declaración estética: la idea de la vigilancia, de la conciencia expandida, de una mirada que todo lo observa. ¿Es espiritualidad? ¿Es psicología? ¿Es una metáfora del propio acto de escuchar? Tal vez las tres cosas a la vez. Parsons y Eric Woolfson —sí, esa voz inconfundible que asociamos con momentos clave del proyecto— construyeron un universo donde cada canción parece dialogar con una noción de introspección. “Don’t Answer Me”, “Games People Play” o “Time” no son únicamente piezas pop bien producidas; son pequeñas cápsulas narrativas sobre la fragilidad humana, el tiempo que se disuelve y las máscaras sociales que adoptamos.


Siempre me ha intrigado cómo este disco logra transmitir una sensación casi ritual sin recurrir a discursos abiertamente metafísicos. Hay un misticismo discreto, sugerido más por la atmósfera que por las letras explícitas. La introducción instrumental “Sirius”, por ejemplo, se siente como un portal sonoro: una antesala ceremonial que prepara el oído para entrar en otro estado. Y ahí está la paradoja que define a Parsons: un creador profundamente tecnológico que, sin embargo, construye experiencias sonoras con resonancias espirituales.


Quizá por eso Eye in the Sky sigue vivo más de cuarenta años después. No se trata solo de nostalgia; se trata de una estética que anticipó muchas cosas. Hoy hablamos de sonido inmersivo, de producción conceptual, de discos que funcionan como narrativas completas… pero Parsons ya exploraba ese territorio cuando la industria todavía pensaba en términos de sencillos radiales. Escuchar este álbum ahora es descubrir cómo el estudio de grabación se convirtió en un instrumento filosófico, un espacio donde la ingeniería y la intuición dialogan sin jerarquías.

Alan Parsons, ya octogenario y aún activo, representa una generación que entendió que el progreso tecnológico no debía romper con la sensibilidad humana, sino ampliarla. Tal vez ahí radica la verdadera fuerza de Eye in the Sky: no pretende dar respuestas definitivas, sino abrir preguntas. ¿Quién observa a quién? ¿Somos oyentes pasivos o participantes de un ritual sonoro? ¿Cuántos mensajes permanecen ocultos hasta que decidimos escucharlos de verdad?


Vuelvo al disco y siempre encuentro algo distinto. A veces una textura escondida, a veces un silencio cuidadosamente colocado, a veces la sensación de que el sonido mismo nos está mirando. Y entonces recuerdo que hay obras que no envejecen porque nunca pertenecieron del todo a su tiempo. Eye in the Sky es una de ellas: un ojo abierto en medio del ruido del mundo, recordándonos que escuchar también puede ser una forma de contemplar.


https://youtu.be/56hqrlQxMMI?si=Jq5_UEr6pLvZ5rbg


https://youtu.be/56hqrlQxMMI?si=Jq5_UEr6pLvZ5rbg

viernes, 6 de marzo de 2026

LA NUEVA CARA DE ROMÁNTICA




 En estos tiempos convulsos donde la inteligencia artificial amenaza con deshumanizar la radio, una frecuencia aprendió nuevamente las reglas del juego. Había que renovarse o morir. Dejaron de lado la bohemia para dar paso a la diversión, a un concepto de nostalgia más divertido e innovador, donde tres generaciones podrán recordar con alegría los días felices del ayer. Adiós rolitas de Camilo Sesto. Hola rolitas de Fandango. Porque una emisora nostálgica no tiene porque ser aburrida. Echense este trompo al' uña. 






ROMÁNTICA 89.5 cambia de piel, y tiene por perfil temático los 90, los 2000, y un poquito de los 80. El pasado reciente hecho música. el ensutiasmo de Jonathan Manjarrez, la fescura de Pamela González, la jovialidad de Lorena Romo, y la buena vibra de Javier Ochoa, nos harán pasar momentos de nostalgia y emoción al remontarnos a aquellos tiempos de nuestra juventud. Animación dinámica, buena música, promiciones y sorpresas. Eso es lo que tiene para ti ROMÁNTICA 89.5 FM. Tu lugar de éxitos. 







Conozcamos la nueva cara de ROMÁNTICA, que es más vivaz y chispeante. Sintoniza el 89.5 FM y harás junto con Jonathan, Pamela, Lorena y Javier, un viaje fabuloso por los mejores años de tu vida. Cassettes, pases para un baile, los típicos tenis Converse, fotos y recuerdos. En eso se traduce el lugar de tus éxitos. ¿Dónde más? ROMÁNTICA 89.5 FM. Hoy, coimo ayer y como siempre, ustedes tienen la última palabra. 


miércoles, 4 de febrero de 2026

EL ESPECTÁCULO MÁS CARO DEL MUNDO

 


A pesar de la situación de violencia, Culiacán si es digna de ser tomada en cuenta para eventos de gran magnitud. En esta ocasión, no se ocupó gente de fuera para realizar un espectáculo de gran calidad, donde hubo música recuerdos, comida y mucha diversión. Y solo la magia de la radio lo pudo hacer posible. Porque nosotros también tenemos derecho a divertirnos. sanamente. pongan ojo al parche. 



El pasado 1° de febrero se llevó a cabo la segunda entrega de ROCK LEGENDS en el Salón 53 con un lleno colosal. muchas familias y uno que otro personaje público, se dieron cita para recordar las dulces horas del ayer, con música en vivo, cerveza, comida, y un ambiente por completo familiar. Jimena Aguilar encabezó este festival donde se contó con la participación de Marilyn Cháidez, The Apetites, imitadores oficiales de Guns n' Roses, y el doble oficial de Michael Jackson en esta zona del país. Fueron cinco horas de entretenimiento nostálgico, donde los videos y las fotos en los móviles no podían faltar, a fin de dar testimonio de un espectáculo colosal, imponente, versallesco. La gente no paraba de cantar y bailar. el mensaje de este concierto fue: Los buenos somos más, y que a pesar de la adversidad, aún podemos sonreír. Y la verdad, Culiacán merece estar mejor. Como decía John Lennon: Demos una oportunidad a la paz. 



 ROCK LEGENDS es el espectáculo más caro del mundo, ya que su nivel de producción no le pide nada a OCESA ni a ninguna casa productora. Este espectáculo es tan caro, que salió gratis. Las sonrisas de los asistentes, el verlos felices y disfrutar del show, no tiene precio. Felicidades a la familia GPM por ser los timoneles de este viaje al pasado. Jimena Aguilar, Jorge Ramos, César de León, gracias por hacernos vivir otra vez las dulces horas del ayer. Nos veremos en el próximo ROCK LEGENDS. Porque la tercera es la vencida. 



domingo, 25 de enero de 2026

Y TÚ ¿QUÉ ONDA?

 



Los nuevos tiempos exugen que los comunicadores opten por otras plataformas para mantenerse vigentes, sin dejar lo que tienen seguro. Tal mes el caso de tres señoras locochonas que traen ondita y buen flow, compartiendo temas de interés para la chavalada, y uno que otro chicuirruco. Aunque tienen sus orígenes en medios tradicionales, las tres saben del impacto de las redes digitales, y la magnitud que estas tienen. aquí les presentamos a las flamantes conductorsas de Y TÚ ¿QUÉ ONDA?



De entrada, Jimena Aguilar con una carrera de 25 años en los medios de comunicación. Ha trabajado tanto en radio como en televisión. Actualmente es directora artística de NRGY FM y colabora en radiodifusoras americanas. Como no hay primera sin segunda, llega Karina Zambrano. La famosa güera tiene dos décadas en el medio. No solo como locutora grabadora, sino también como productora radiofónica, siendo de las pocas féminas que se dedican a esta actividad en el pais. Actualmente conducd el programa SÚMATE SINALOA en VIBRA RADIO. aunado a sus labores como productora técnica y sus colaboraciones en radiodifusuras americanas. 


Cerrando la tercia con Arely Inzunza, que eminentemente se hizo en la TV. Debutó en el programa EN LA TELE, alternando con Jorge Ramos, Germán Zambada y Nedel Montoya. Después estuvo en RITMO Y SALUD. Hizo tele sin descuidar sus actividades en la UAS, donde opcupa un puesto importante. todas ellas guapas, todas ellas inteligentes, todas ellas dinámicas. con este trío de tres vamos a pasar un rato agradable. 


Y TÚ ¿QUÉ ONDA? es el podcast que deben ver y escuchar. Veanlo por YouTube. Todos los días hay episodios nuevos. porque la radio también se ve. Que esto no sea privativo para la nueva ola. También la vieja guardia puede disfrutar de las sorpresas que nos prepararán las tres alegres comadres. Al final, ustedes tienen la última palabra.


jueves, 22 de enero de 2026

CUANDO LA PERRA ES BRAVA, HASTA LOS DE CASA MUERDE

 


El programa matutino SALE EL SOL, siempre se ha distinguido por ser diferente a lo que ofertan Televisa y TV Azteca, siempre tirando buena vibra. Sin embargo, una de sus conductoras está asumiendo el papel de una de sus homólogas de la competencia, actuando como diva, y evidenciando su prepotencia. La prueba bien clara fue el quien vive que tuvo con una de sus compañeras, haciendo gala de su prepotencia. Y tan mona que se ve en la  pantalla chica. La cáscara guarda el palo. Échense este trompo al’ uña.

 


Paulina Mercado está sintiendo pasos en la azotea, pues considera que Tania Vázquez le está comiendo el mandado. La ex conductora de Azteca se siente la patrona, nomás por se la única sobreviviente del staff original de SALE EL SOL, y partiendo de eso, quiere hacer valer su hegemonía. Mientras a Tania le daban más foco, Pau enardecía de rabia, y un día de tantos no aguantó más, y le cantó el precio a la ex reina de belleza, diciéndole hasta la despedida. Tal escozor causó este escándalo, que paró a oídos de los meros jefes de Imagen, que sin más se pusieron de parte de Paulina, que está en status de vaca sagrada, amonestando a Tania, que tiene sus ratos contados si vuelve a incomodar a la novia de juan soler. Para que vean que Andrea Legarreta no es la única mandamás de la tele.



Cuando la perra es brava, hasta los de casa muerde. Paulina Mercado hizo su panchito para que Tania Vázquez no le robe reflector. Parece mentira que este ser de luz sacó su lado obscuro. Entre tanto, Tania tiene que andarse con pies de plomo, pues si da un paso en falso, Pau pedirá su cabeza para bailar alrededor de ella, como si fuera Salomé. Pobre mujer. Ahora sí se le apareció Juan Diego.

jueves, 15 de enero de 2026

HABLEMOS DE MÚSICA

 


Hace 36 años, Radio UAS, que por entonces estaba en AM, lanzó al aire un programa que revolucionó la forma de apreciar la música. Los grandes clásicos y los géneros de vanguardia se siguen dando cita en este espacio, que aunque es más propio para conocedores, es para todo público. y quien lidera este programa es todo un maestro, que por méritos propios, conductor insignia de la emisora riadial de la casa rosalina. Su nombre: Aldo Rodríguez. 



Aldo Javier Rodríguez Fragoso nació el 14 de mayo de 1966 en la Ciudad de México. En su casa la coinstante fueron la buena música y la cultura. Tras terminar sus esrtudios básicos en la capital, llegó a Culiacán y ofreció a Radio UAS su talento comno experto en música. en entrevista a un periódico de la localidad, declaró que un programa de guitarras clásicas, fue el precedente para cerar HABLEMOS DE MÚSICA. Uno de los propgramas insignia de Radio UAS.Desde tiempos de Marco Antonio Berrelleza como director de la radio hasta la fecha, Aldo, ingeniero bioquímico de profesión, nos ha llevado a un viaje maravilloso por la música de todos los tiempos. No solo se centró en los clásicos inmortales, también dio cabida a la música comercial, particularmente la música disco y baladistas de la talla de Frank Sinatra y Nat King Cole. Su programa dio pie a que se crearan conceptos como ALDO DE JAZZ, que surgió en radio comercial, y HABLEMOS DE ÓPERA, donde se dedica un espacio al bel canto. Aldo ha sabido construir una audiencia, por eso ha durado tanto tiempo. Quien no conoce su violín, todos los sones toca. 



HABLEMOS DE MÚSICA celebra 36 años al aire, gracias al culto público conocedor de Radio UAS. si no han escuachado el programa, o en su defecto ya lo oyeron, les invitamos a acompañar a Aldo Rodríguez a explorar ese fantástico universo, de lunes a viernes a las 12 p.m. por el 96.1 FM y por www.radiouas.edu.mx  Hay que abrir nuestra mente. Felicidades Aldo. Y gracias por seguir hablando de música. 

miércoles, 14 de enero de 2026

Hablemos de Música: 36 años conversando con el sonido



Por Aldo Rodríguez


Llegué a Culiacán al terminar la preparatoria. Venía de la Ciudad de México, con la memoria llena de radios que hablaban distinto, que pensaban, que arriesgaban. Nací aquí, sí, pero mi infancia se formó allá: jardín de niños, primaria, secundaria, preparatoria. Regresamos por trabajo de mi padre y porque mi madre es de aquí. Todo se alineó, como suelen alinearse las cosas que no se planean del todo.


Culiacán era entonces una ciudad que se cruzaba en diez minutos. Pocos cines, una estación de FM, silencios largos. Yo venía de una vida más compleja, de un mapa sonoro más denso. El choque fue real. Pero la vida —esa gran editora— me colocó en el lugar correcto: el cuadrante radiofónico.


En casa escuchábamos radio con devoción. Yo estaba habituado a Radio UNAM, a WFM, a esa época luminosa de voces y contenidos donde la música no era fondo sino centro. Aquí, en Culiacán, la única emisora que me hablaba con honestidad era Radio Universidad Autónoma de Sinaloa. Pequeña, cultural, obstinada. Programas de Radio Francia, La Voz de Alemania, Radio Moscú, Radio Netherlands. Una fonoteca que respiraba jazz, música clásica, cantos de protesta. Era la radio que nos gustaba en casa. Jamás imaginé que, pocos años después, sería también mi casa.


Llegué un día preguntando por el director. Acababa de entrar Roberto Fernández Camacho. Le dije algo muy simple: yo tengo discos que ustedes no tienen; ustedes tienen discos que yo no tengo. No pedía préstamos: traía mi equipo, me instalaba donde dijeran y grababa ahí mismo. Accedió. Y entonces me dijo: “¿Tú eres Aldo Rodríguez, el que escribe en El Sol de Sinaloa?”. Tenía 20 años. Mi columna se llamaba El Hombre y la Música. Le dije que sí. Y entonces vino la pregunta que lo cambió todo: “¿No te gustaría tener un programa como colaborador?”.



No lo pensé dos veces.


Mi primer programa se llamó Música Selecta para Guitarra. Un título grandilocuente, quizá, pero sincero. Una hora dedicada a ese universo: el Concierto de Aranjuez, los estudios de Villa-Lobos, la música de Manuel M. Ponce, los conciertos de Mauro Giuliani. Yo ya sabía armar un programa: en casa siempre hubo grabadoras de casete, de carrete, tornamesa. Y, además, el equipo humano de la radio era extraordinariamente profesional. Corría 1986.


Hice otros programas. En Concierto. Cápsulas científicas con guiones del CONACYT que nadie utilizaba y a los que yo intenté darles voz. Mientras tanto, daba clases en la Escuela de Música. Todo era aprendizaje: la palabra, el ritmo, la respiración frente al micrófono. La voz nunca me fue ajena. Desde niño había conducido festivales, declamado poemas, presentado actos. La radio fue una extensión natural de eso que ya estaba en mí.


Mientras daba clases en la Escuela de Música de la Universidad y colaboraba en la radio, llegó un momento decisivo en el que la radio me llamó con más fuerza. Me sedujo la posibilidad de crear un universo sonoro propio, esa magia irrepetible del micrófono encendido, del tiempo suspendido, de la palabra y la música viajando hacia un oyente invisible pero presente. Fue entonces cuando tomé una decisión fundamental: dejar la Escuela de Música y llegar a Radio UAS ya no como colaborador, sino como trabajador de base . Tuve la fortuna de ingresar como productor, siendo el primero en hacerlo para un área específica, no por escalafón administrativo, sino mediante un examen y un consejo conformado expresamente para cubrir un campo que la emisora necesitaba: la música clásica, el jazz y las relaciones con las radios internacionales. El dominio de distintos idiomas, que siempre me ha abierto puertas, fue clave en ese proceso; la radio requería un agente para ese puente cultural y todo se alineó. Así cambié mi adscripción de la Escuela de Música a Radio Universidad Autónoma de Sinaloa, para convertirme en productor–investigador de base en esta maravillosa emisora que, desde entonces, es también mi casa.


A finales de 1989 empecé a gestar una idea que no me soltaba: la gente sí entiende las obras complejas si se le explican con palabras claras, sin condescendencia, sin artificio. Lo había comprobado en el aula y al aire. De ahí nació un nombre sencillo, directo, casi inevitable: Hablemos de Música.



El 15 de enero de 1990, Hablemos de Música salió al aire por primera vez, a las 12 del día. Yo pedí ese horario. Sabía que había gente trabajando, gente escuchando. Le tuve fe. La primera obra fue la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, con la Filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan. No era una elección tibia. Nació así, en un contexto hostil, en una radio dirigida por alguien que pensaba que todo era basura salvo la música vernácula. Pero Hablemos de Música nació para quedarse.


Desde entonces, el programa nunca ha cambiado de horario. Fue el primero en usar discos compactos. El primero en usar MiniDisc. El primero en transmitirse por Internet en Culiacán —al inicio, solo Hablemos de Música estaba en línea— gracias a amigos que creyeron en la idea. El primero en tener página web en la ciudad. No lo digo con soberbia: lo digo porque entendí muy temprano que la radio debía dialogar con la tecnología o desaparecer.


En Hablemos de Música la música que se escucha no proviene de un archivo impersonal ni de una programación automatizada: proviene de mi propia fonoteca. Desde el primer día he trabajado al aire con los discos que he reunido a lo largo de mi vida, con esa colección íntima que se fue formando por curiosidad, por estudio, por obsesión amorosa con el sonido. Todos mis programas de radio han nacido así, desde la escucha personal compartida. Siempre me ha gustado abrir mi fonoteca, ponerla en la mesa, invitar a otros a entrar en ella. La gente lo sabe, y quizá por eso, con los años, muchos radioescuchas y amigos han confiado en mí sus propias colecciones: fonotecas completas, discos únicos, grabaciones valiosas que hoy forman parte del universo sonoro de Hablemos de Música. Ese gesto —profundamente humano y generoso— ha enriquecido el catálogo del programa y lo ha convertido, sin proponérselo, en una fonoteca viva, colectiva, hecha de afectos, memoria y escucha compartida.


El reconocimiento llegó años después. Seis, siete. Cuando la gente ya sabía que al mediodía, por Radio Universidad, había un espacio donde la música se pensaba, se contaba, se compartía. Hoy, Hablemos de Música cumple 36 años ininterrumpidos. Más de 20 mil emisiones. Amigos y escuchas en muchas partes del mundo. Un programa que ha cruzado fronteras sin dejar de ser profundamente local.


En el camino de Hablemos de Música he conocido radioescuchas profundamente humanos, muchos de ellos anónimos en nombre, pero imborrables en memoria. Llegaban a la cabina con regalos que no se compran: agricultores que me llevaban sacos de elote, acuacultores que aparecían con camarones como agradecimiento por algún programa en particular, otros con mangos, con discos, con música ofrecida como gesto de gratitud. Hasta hoy siguen llegando discos a la fonoteca como regalo silencioso. Recuerdo con especial emoción al ingeniero Mendieta, ya fallecido, que llegó un día triste y furioso porque habían tirado a la basura todos sus viniles: “eran para ti, Aldo”, me dijo, “pero solo pude rescatar este”. Ese “este” eran las Nueve Sinfonías de Ludwig van Beethoven, en vinil original, dirigidas por Arturo Toscanini, edición de 1957. Y cómo no recordar a Guadalupe Rangel, una radioescucha extraordinaria que, desde la primera emisión del programa, anotó día tras día qué obra y qué compositor se habían transmitido; escribió cientos de cuadernos con una disciplina amorosa. A su muerte, sus sobrinos, nietos y hermanas llegaron a la radio para entregarme algunos de esos cuadernos: “Aldo puso hoy la Sexta Sinfonía de Beethoven…”, con fecha, con contexto, con la bitácora completa del programa. Ha sido una de las experiencias más conmovedoras de mi vida. En estos 36 años, en Hablemos de Música nacieron mis hijos y también murió mi padre; el día de su fallecimiento, la funeraria se llenó de radioescuchas que no me conocían personalmente, pero que sabían por lo que estaba pasando y fueron a darme el pésame. Hoy, dondequiera que vaya —al supermercado, al banco, a la gasolinera— basta con que hable para escuchar: “Aldo Rodríguez… Hablemos de Música”. Que la gente reconozca mi voz me honra, me enorgullece y me alimenta el espíritu. Y eso, profundamente, lo agradezco.



En ese camino nacieron otros proyectos: Hablemos de Ópera (1997), también ininterrumpido; Aldo de Jazz, que tuvo su vida en radio comercial y regresó a Radio Universidad hace cinco años, con el nombre que le dio un querido amigo hoy ausente, Procopio Ramos. Todos forman parte del mismo impulso: hablarle a la gente con respeto, con pasión, con conocimiento.


Durante la pandemia, Hablemos de Música se expandió más allá del dial: seminarios web con participantes de Europa, Sudamérica, México, Estados Unidos. La radio como punto de partida, no como límite.


Hablemos de Música ha visto pasar rectores, directores, compañeros. Ha despedido voces queridas que ya no están en esta tierra. Y sigue ahí. No porque sea mío, sino porque pertenece al público: ese cómplice silencioso del otro lado del micrófono sin el cual nada de esto tendría sentido.


Hay una coincidencia que siempre me ha parecido profundamente reveladora: Hablemos de Música nació un 15 de enero de 1990, y ese día, en México, es el Día del Compositor. No lo planeé así, pero la vida —que a veces compone mejor que uno— decidió marcar ese inicio con sentido. Este año, además, se cruzan dos líneas mayores de mi propio tiempo: cumplo cuatro décadas como compositor, caminando entre sonidos y silencios, y cumplo también cuarenta años haciendo radio, dialogando con la música desde el micrófono. Dos oficios que no he sabido —ni querido— separar. Por eso comenzamos este año de una manera especial, casi ritual: celebrando no solo la permanencia de un programa, sino una forma de estar en el mundo, escuchando, pensando y compartiendo música como una manera de vida.



Radio Universidad tiene 53 años al aire. Hablemos de Música ha estado presente en 36 de ellos. Más de la mitad de su vida. Y sigue renovándose porque la música es inagotable. Porque aún hay compositores por descubrir, obras por escuchar, ideas por compartir. Porque no se trata solo de repetir el canon, sino de abrir ventanas: del pasado remoto a lo que hoy se está creando.


Eso ha sido siempre Hablemos de Música: una conversación honesta con el sonido. Y mientras haya alguien del otro lado dispuesto a escuchar, aquí seguiremos, hablando de música.

*El ojo que escucha: *Eye in the Sky y la alquimia sonora de Alan Parsons**

Por Aldo Rodríguez Hay discos que no solo se escuchan: se habitan. Eye in the Sky pertenece a esa rara estirpe de obras que parecen mirar de...