sábado, 27 de junio de 2026

LA GRIETA: 25 AÑOS DE MANTENER VIVA LA MÚSICA DEL RECUERDO

 

Don Hilario está de vuelta: el entrañable personaje regresa a la radio por La Plebona 100.9

 


 La espera terminó. Uno de los personajes más queridos y emblemáticos de la radio sinaloense está listo para reencontrarse con su público. Don Hilario, el anciano vacilador, cascarrabias, chirrisco y coqueto con las mujeres, regresa oficialmente a la programación de La Plebona 100.9 FM a partir de este lunes a la 1:00 de la tarde, con un espacio que promete llevar humor, ocurrencias y mucha interacción con la audiencia.

El personaje de Don Hilario hizo su primera aparición radiofónica alrededor de 2016, durante su paso por Promomedios, donde rápidamente se ganó el cariño de los radioescuchas gracias a su singular personalidad. Con sus regaños, ocurrencias, comentarios llenos de picardía y su inagotable afición por conquistar a cuanta mujer se cruzara en su camino, el personaje se convirtió en uno de los favoritos del público.

Su regreso se produce después de algunos meses fuera del aire, ya que anteriormente encabezó el programa "Todos en Bola", una divertida mesa redonda en la que este viejito chirrisco lideraba las conversaciones sobre los temas de actualidad con su muy particular estilo. Entre bromas, discusiones y comentarios llenos de humor, Don Hilario se convirtió en el eje de un espacio que dejó una grata impresión entre los radioescuchas.

Ahora inicia una nueva etapa, con más energía y nuevas historias por contar, conservando la esencia que lo convirtió en un personaje entrañable dentro de la radio regional.

En esta nueva aventura no estará solo. Lo acompañará un elenco de personajes que darán vida a situaciones cargadas de humor y ocurrencias. Entre ellos destacan Doña Esperancita, El Soldado del Amor, Fernando Jacobo y El Masagistán, quienes aportarán sus particulares personalidades para hacer de cada emisión una experiencia diferente.

La combinación de estos personajes permitirá desarrollar sketches, conversaciones improvisadas y situaciones cotidianas que conectarán con el público, manteniendo vivo ese humor popular que ha caracterizado a Don Hilario desde sus inicios.

Más que el regreso de un personaje, esta nueva producción representa el reencuentro con una figura que logró abrirse un lugar en el gusto del auditorio gracias a su espontaneidad y carisma. Su humor directo, sus frases ingeniosas y esa peculiar manera de interpretar al clásico anciano sinaloense siguen siendo parte de la memoria de quienes lo han acompañado desde sus primeras apariciones.

Con esta nueva etapa en La Plebona 100.9 FM, la expectativa es grande. El programa apostará por el entretenimiento, la improvisación, la interacción con los radioescuchas y el buen humor, ingredientes que han distinguido la trayectoria de Don Hilario.

La invitación está hecha. A partir de este lunes, a la 1:00 de la tarde, Don Hilario volverá a abrir los micrófonos para demostrar que su ingenio sigue más vivo que nunca. Porque hay personajes que no pasan de moda, y este viejo cascarrabias, vacilador y conquistador tiene todavía muchas historias por contar y muchas risas por provocar.

jueves, 25 de junio de 2026

Ángel Fernández: la voz que transformó la crónica deportiva en México

 

viernes, 19 de junio de 2026

Cielito Lindo y la tentación de borrar la memoria




Por Aldo Rodríguez


Hay canciones que trascienden el tiempo. Dejan de pertenecer a un autor, a una época o incluso a una generación específica. Se convierten en patrimonio emocional. Habitan la memoria colectiva. Son parte del paisaje sonoro de un pueblo.


En México existen pocas obras con esa condición privilegiada. El Huapango de Moncayo es una de ellas. El Dios Nunca Muere de Macedonio Alcalá es otra. Y, por supuesto, Cielito Lindo ocupa un lugar central en esa pequeña constelación de símbolos que, sin necesidad de decretos oficiales, representan una forma de entender la identidad mexicana.


Compuesta por Quirino Mendoza y Cortés en 1882, en pleno Porfiriato, la canción posee una simplicidad engañosa. Su melodía es amable, memorable, accesible. Su letra describe una escena amorosa utilizando imágenes poéticas que eran comunes en la tradición popular de finales del siglo XIX. Nada extraordinario, podría pensarse. Sin embargo, ocurre algo fascinante: la canción sobrevivió a la Revolución Mexicana, a dos guerras mundiales, a los cambios tecnológicos, a la radio, al cine, a la televisión y a internet.


Sobrevivió porque dejó de ser solamente una canción.


Se convirtió en un símbolo.


Por eso resulta tan sorprendente que periódicamente aparezcan voces que intentan juzgarla bajo parámetros contemporáneos, como si una obra cultural pudiera ser arrancada de su contexto histórico y sometida a un tribunal ideológico del presente.


El fenómeno no es nuevo. De hecho, acompaña a todas las épocas. Cada generación cree poseer una superioridad moral suficiente para corregir a las anteriores. Lo preocupante es cuando esa tendencia deja de ser una discusión académica legítima y se transforma en un impulso por cancelar, censurar o eliminar elementos fundamentales de la memoria cultural.


Porque una cosa es analizar críticamente una obra.


Otra muy distinta es pretender que desaparezca.


La diferencia es enorme.



Toda manifestación artística es hija de su tiempo. Si aplicáramos de manera estricta los criterios morales actuales a la totalidad del patrimonio cultural humano, terminaríamos prohibiendo buena parte de la literatura universal, del teatro clásico, de la ópera, de la pintura, de la música popular y hasta de las tradiciones orales.


¿Deberíamos cancelar a Cervantes por ciertos pasajes de su época?


¿Eliminar a Shakespeare por representar estructuras sociales propias del siglo XVI?


¿Prohibir la ópera italiana del siglo XIX por sus visiones románticas del amor?


La respuesta parece evidente.


La función de la cultura no consiste en adaptarse permanentemente a las sensibilidades pasajeras del presente. Su función es permitirnos comprender quiénes fuimos, quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí.


Y precisamente ahí reside el verdadero peligro.


No en la crítica.


La crítica es necesaria.


El peligro aparece cuando confundimos análisis con destrucción.



Conviene preguntarse también por qué este tipo de polémicas encuentran hoy un terreno tan fértil. Quizá la respuesta no esté en las canciones, sino en el clima social que vivimos. Durante los últimos años se ha fortalecido en México una narrativa que tiende a dividir la realidad entre grupos enfrentados: privilegiados y desfavorecidos, pueblo y élites, vencedores y vencidos. El problema no es discutir las desigualdades reales que existen —sería absurdo negarlas—, sino alimentar constantemente una lógica de resentimiento como herramienta de interpretación de la vida pública.


Cuando esa visión se instala en amplios sectores de la sociedad y, peor aún, cuando es estimulada desde las más altas esferas del poder político, termina contaminando también la lectura de la cultura. Entonces una canción deja de ser una canción; una obra de arte deja de ser una obra de arte; un símbolo histórico deja de ser un símbolo histórico. Todo comienza a ser observado a través de una lente de confrontación permanente. El resultado es una sociedad cada vez más incapaz de reconocerse en un patrimonio común y cada vez más inclinada a buscar agravios donde antes encontraba puntos de encuentro.


Y precisamente las grandes expresiones culturales cumplen la función contraria. No separan. Unen. No fragmentan. Conectan generaciones, regiones, clases sociales y formas distintas de entender el país. Por eso resulta tan preocupante que algunos pretendan convertir símbolos compartidos en nuevos campos de batalla ideológica.


Cuando dejamos de estudiar una obra para comenzar a deslegitimarla.


Cuando el objetivo ya no es comprender el pasado, sino borrarlo.


La historia demuestra que los proyectos culturales más empobrecedores siempre han comenzado así. No necesariamente quemando libros. A veces basta con declarar que ciertas obras son inconvenientes, problemáticas o incompatibles con los valores actuales.


La consecuencia final es la misma: la reducción del horizonte cultural.


Resulta además curioso observar ciertas contradicciones de nuestro tiempo. Sectores que examinan con lupa canciones tradicionales del siglo XIX suelen mostrar una notable indulgencia hacia expresiones culturales contemporáneas que exaltan abiertamente la violencia, la degradación humana o la glorificación del crimen.


No se trata de prohibir unas ni otras.


La cultura debe permanecer libre.


Pero la inconsistencia resulta evidente.


Si el criterio es el análisis ético, debería aplicarse a todos los casos por igual.


Si el criterio es la libertad artística, entonces también debe aplicarse de forma universal.



Lo que no puede sostenerse intelectualmente es una vara distinta para cada fenómeno cultural dependiendo de simpatías ideológicas o modas momentáneas.


En realidad, el caso de Cielito Lindo revela algo más profundo. Nos habla de una creciente dificultad para comprender los símbolos compartidos.


Las sociedades necesitan relatos comunes.


Necesitan canciones comunes.


Necesitan espacios donde personas de distintas clases sociales, edades, ideologías y regiones puedan reconocerse mutuamente.


Cuando la selección mexicana juega un partido en el extranjero y miles de voces entonan aquel célebre “Ay, ay, ay, ay”, nadie pregunta por filiaciones políticas, niveles de ingreso o preferencias ideológicas.


Durante unos segundos existe algo más importante.


La pertenencia.


La sensación de formar parte de una historia colectiva.


Y eso tiene un valor enorme.


Quizá por eso estas discusiones generan tanta reacción emocional. Porque en el fondo no se está hablando solamente de una canción. Se está hablando de memoria. De identidad. De continuidad cultural.


México enfrenta desafíos inmensos en materia de educación, seguridad, desarrollo científico, preservación ambiental y fortalecimiento institucional. Frente a ellos, convertir una canción de 1882 en un problema nacional parece una distracción desproporcionada.


La grandeza cultural de una nación no consiste en destruir sus símbolos, sino en comprenderlos.


No consiste en cancelar el pasado, sino en dialogar con él.


No consiste en fragmentar la memoria colectiva, sino en enriquecerla con nuevas voces sin expulsar a las anteriores.


Porque México es mucho más grande que cualquier moda ideológica pasajera.


Y porque algunas canciones, después de más de ciento cuarenta años, ya no pertenecen a una generación específica.


Pertenecen a todos.


Y mientras exista un mexicano en cualquier rincón del mundo capaz de cantar aquel viejo coro que aprendió de sus padres o de sus abuelos, Cielito Lindo seguirá haciendo lo que ha hecho desde 1882:


Recordarnos que la identidad de un pueblo no se construye borrando su memoria, sino conservándola, comprendiéndola y transmitiéndola a quienes vienen detrás.

martes, 16 de junio de 2026

DESPUÉS DE 10 AÑOS




Pocas veces comparto mis escasos méritos, pero esta vez merece la pena. Durante mi paso por la radio, ninguno de mis programas pasó del año de trasmisiones. Sin embargo, mi actual proyecto se cuece aparte. La radio de mi alma mater me abrió las puertas para que yo pudiera mantenerme vigente, aunque sabía que no iba a ser profeta en mi tierra. Sin embargo, en tierras del Évora, tengo el reconocimiento que pocas veces se me ha hecho en mi propia comunidad. No es reproche, simplemente fui solo un héroe anónimo. Este aplauso me lo doy a mí por mantenerme vigente por una década, cosa que pocos pueden presumir. Pongan ojo al parche.

 


SEGURO LAS CONOCES acaba de cumplir 10 años al aire, y estoy muy contento. Mi programa nunca fue pretencioso. Solo cumplo con mi función de entretenedor, llevando al público de viaje al maravilloso mundo del recuerdo. Ha sido un recorrido interesante. Lo que en principio iba a ser un programa para un determinado tipo de público, terminó siendo uno de los programas consentidos de la radio mochitense. En este viaje no estoy solo. Mi contlapache Marco Ramírez no solo ha estado conmigo en la producción, sino también en la conducción, pues me echa la mano una vez al mes con los tradicionales especiales de covers. No todo ha sido perfecto. Si bien puedo tener errores, no es para aferrarme a viejas fórmulas, para ello está Marco, para hacerme entrar a varas para no regar el tepache. Mis ex alumnos inmortalizaron sus voces en cada una de las producciones de mi programación. La gran mayoría ocupan un lugar importante en los medios, a pesar de ello siguen echándome la mano cada vez que se puede. Tal vez no gane dinero, pero me divierto a rabiar.

 


Después de 10 años, SEGURO LAS CONOCES se ha mantenido firme. Mi programa e un arbolito, lo sembramos muy bien. Lo regué con llanto, pero con risas también. Y si algún día ha de morirse, será de pie. Los espero los lunes y miércoles a las 4 p.m. por Radio UAdeO. 89.3 FM en Los Mochis, y para el resto del mundo por www.uadeo.mx. No le hace que sea mi programa. Ustedes tienen la última palabra.

"Bailando con Huevos", la nueva apuesta de La Plakosa 95.3 FM




A partir del próximo martes 7 de julio, La Plakosa 95.3 FM estrenará uno de los conceptos más originales y entretenidos de su programación: "Bailando con Huevos", un espacio que combinará música, concursos, diversión y la participación directa de la audiencia.


El programa estará bajo la conducción de Guillermo Contreras, comunicador que continúa el legado radiofónico de su padre, el legendario locutor Olegario Contreras, una de las voces más reconocidas de la radio sinaloense.


Aunque el baile será uno de los principales atractivos del programa, la emisión ofrecerá mucho más que eso. Los participantes tendrán que demostrar resistencia y entusiasmo para mantenerse en movimiento y ganar una dotación de huevos, pero además se desarrollarán divertidas dinámicas, concursos y retos que mantendrán la emoción de principio a fin.


Uno de los aspectos más importantes de "Bailando con Huevos" será la participación del público. Los radioescuchas tendrán un papel fundamental en el desarrollo de las dinámicas, interactuando con los conductores, apoyando a los concursantes y formando parte de las diversas actividades preparadas para cada emisión.


Con una combinación de música, humor, ocurrencias y premios, el programa busca convertirse en una opción fresca para las mañanas de la radio local, ofreciendo momentos de entretenimiento para toda la familia.


Para Guillermo Contreras, este nuevo reto representa una oportunidad para consolidar su trayectoria en los medios de comunicación, aportando su propio estilo a una fórmula que apuesta por la cercanía con la audiencia y la diversión en vivo.


La invitación está hecha para que la audiencia sintonice cada emisión y forme parte de esta novedosa experiencia. A partir del 7 de julio, de 11:00 de la mañana a 1:00 de la tarde, la diversión, la música y las sorpresas estarán garantizadas en "Bailando con Huevos", a través de La Plakosa 95.3 FM.

viernes, 12 de junio de 2026

Jorge Arvizu: la voz que marcó generaciones en América Latina

 

Con motivo del Día Internacional del Doblaje, resulta imposible hablar de la historia de esta disciplina sin recordar a una de sus figuras más emblemáticas: Jorge Arvizu. Dueño de un talento excepcional para transformar su voz y dotar de personalidad a personajes inolvidables, "El Tata" se convirtió en uno de los pilares del doblaje en español y en una referencia obligada para varias generaciones de espectadores.

Nacido en Celaya, Guanajuato, el 23 de julio de 1932, Jorge Isaac Arvizu Martínez desarrolló una carrera artística que se extendió por más de seis décadas. Su versatilidad le permitió destacar en radio, televisión, teatro, cine y, especialmente, en el doblaje, ámbito en el que alcanzó reconocimiento internacional gracias a la capacidad de imprimir carisma, humor y autenticidad a cada uno de sus personajes.

Su voz quedó grabada para siempre en la memoria colectiva como la de Pedro Picapiedra, personaje al que dotó de una identidad tan sólida que muchos espectadores latinoamericanos difícilmente pueden imaginarlo con otra voz. También dio vida a Benito Bodoque y Cucho en Don Gato y su Pandilla, al irreverente Bugs Bunny, al Pato Lucas, al Pájaro Loco, Popeye, Félix el Gato y Mr. Magoo, entre muchos otros personajes animados que formaron parte de la infancia de millones de personas.



Pero su talento no se limitó a las caricaturas. Arvizu también fue la voz en español de personajes televisivos que alcanzaron enorme popularidad en América Latina. Entre ellos destacan Maxwell Smart en El Superagente 86, el Tío Lucas en Los Locos Addams, el robot de Perdidos en el Espacio y el Pingüino de la clásica serie de Batman. Asimismo, participó en doblajes cinematográficos memorables, incluyendo la voz de Michael Corleone, personaje interpretado por Al Pacino en las primeras entregas de El Padrino.

A lo largo de su trayectoria, "El Tata" contribuyó a consolidar a México como una de las grandes potencias del doblaje en habla hispana. Su trabajo ayudó a que personajes creados en otros idiomas se sintieran cercanos para el público latinoamericano, convirtiendo frases, expresiones y voces en parte de la cultura popular. Su influencia fue tan profunda que aún hoy numerosos profesionales del medio lo consideran una escuela en sí mismo.

Jorge Arvizu falleció el 18 de marzo de 2014 en la Ciudad de México, a los 81 años de edad. Sin embargo, su legado permanece vivo cada vez que Pedro Picapiedra grita emocionado, Benito Bodoque idea un nuevo negocio o Bugs Bunny pregunta con picardía: "¿Qué hay de nuevo, viejo?".

En el Día Internacional del Doblaje, recordar a Jorge Arvizu es rendir homenaje a una voz que trascendió generaciones y que ayudó a construir una parte importante de la identidad cultural de la televisión y el entretenimiento en español. Su obra continúa siendo un ejemplo de talento, creatividad y pasión por un arte que, aunque muchas veces permanece detrás de cámaras, tiene el poder de dar vida eterna a los personajes.

LA GRIETA: 25 AÑOS DE MANTENER VIVA LA MÚSICA DEL RECUERDO

  En una época en la que la radio y los medios digitales evolucionan a un ritmo vertiginoso, pocos programas pueden presumir de haber perman...